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Los labios de la sabiduría: una historia de secretos desde el Antiguo Egipto

Aunque tú no lo creas, entre lo físico y lo espiritual se encuentran un manuscrito y el contenido de una mente. ¿Qué son el uno sin el otro? La mente puede existir sanamente por sí misma, sobre todo si se rige por la conciencia superior. Un manuscrito sin una mente que deposite contenido en él, sin embargo, serán hojas en blanco. Precisamente, el pensamiento puede reservar ideas ocultas como también compartirlas a través de la palabra –oral o escrita–, solo a aquellos soportes en los que confía. De cualquiera de las formas, el lenguaje hará que esas ideas cobren existencia: pero qué mejor soporte puede custodiar tal secreto que otros «oídos capaces de comprender» de otras mentes despiertas. Esta es una cuestión que los personajes originales de la filosofía hermética vienen haciéndose desde el Antiguo Egipto. Luego pasó por Grecia y por Roma, por las escuelas hebrea y judía, se perdió entre manuscritos, sincretismos, se contaminó con mitos durante la Edad Media, se filtró en parte a Occidente. Muchos de los conocimientos herméticos, dedicados a la transmutación de la mente, fueron transformados y trasladados a otras materias de estudio como la medicina. Si bien su esencia se ha mantenido siempre en secreto, no ha dejado de existir ni de operar.
Por Sofía Torres
02 de Noviembre del 2018
Los labios de la sabiduría: una historia de secretos desde el Antiguo Egipto
El manuscrito hermético, contiene los principios herméticos que abren la veda al resto de las enseñanzas ocultistas. Todos ellos se encaminan hacia la comprensión del mundo interior, del exterior y del funcionamiento entre ambos, mediante la transmutación de la mente, del pensamiento. Estos principios son: 
 
  • Mentalismo: todo es mente; todo sentimiento es la expresión de lo que pensamos en ese momento. 
  • Correspondencia: como es arriba es abajo; lo que es afuera se proyecta adentro, y al revés, en el juego de aplicaciones sinfín que existe entre el microuniverso y el macrouniverso
  • Vibración: todo está en constante movimiento y vibración en distintos grados. 
  • Polaridad: los opuestos; la dualidad se rompe trascendiendo el miedo. 
  • Ritmo: todo tiene sus períodos de avance y retroceso; nos habla de la ley de la compensación.
  • Causa y efecto: aquello que popularmente se conoce como “suerte” responde a la ley de la causalidad, ligada al karma.
  • Generación: la complementación del principio femenino con el principio masculino es necesaria para la vida.
 
Parallel universe, dibujo a ceras de Sofía Torres.


La transmisión oral, abstracta guardiana de ideas

 
La transmisión oral de los saberes ha servido -y sigue utilizándose- para mantener el significado del mensaje que tan imprescindible resulta en la construcción del sentido de cada convicción. Quien dice convicción, dice postura, creencia, religión, agrupación de ideas, doctrina, escuela. 

Es tan complejo mantener intacto el significado de una idea a lo largo del tiempo como guardar un secreto. Para trascender aquello, necesariamente tiene que existir un correcto equilibrio entre la palabra y el silencio, motivados por un proceso de identificación del individuo con el compromiso que le suponen sus creencias. En esto, tanto las tradiciones espirituales más impopulares como las religiones institucionalizadas han sido maestras: han sabido utilizar el método de la transmisión oral para mantener los principios de las doctrinas y poder anclar las mentes en creencias y abstracciones diversas que, al tiempo, resultan casi ineludibles en la cosmovisión de cada fiel. 

La historia ha avanzado con la comunicación y a la inversa: el emisor codifica un contenido mental y escoge un canal por el que hacérselo llegar al receptor, que descodificará el mensaje desde su propio contenido mental. Pero, más allá de las recurrentes connotaciones negativas que acechan a estos términos, el significado es que todo ser humano se expone a multitud de mensajes, de los cuales recibe unos cuantos, adapta o transforma algunos y emite otros tantos. Este funcionamiento de la psique debería acelerarse y agudizarse cuando hablamos de una cotidianidad repleta de impactos y anuncios (…), como la del siglo XXI, por ejemplo. 

Si bien tal análisis pudiera parecer negativo, es aquí donde cada individuo puede trascender y concebir su propia forma de entender la espiritualidad –en sus diversas ramas y en permanente examen- como fórmula para el autoconocimiento. Mentalmente lejos de la hegemónica cultura de masas, el individuo consciente es capaz de intuir su propia naturaleza, preserva sin pretenderlo su identidad, se acepta y se dará cuenta de cosas asombrosas, como que es capaz de respetarse a sí mismo y a los demás; será más transparente y, -en general-, más difícil de engañar. Empieza como un reto adquirir esa “paz interior” de la que cada dogma de fe ha intentado apropiarse y difuminar entre sus fieles a través de distintas suposiciones morales. Cuando, en realidad, la paz interior es la calma, que pasa primero por la autoaceptación y, antes que nada, por el amor consciente y honesto hacia uno mismo. Esa calma se entiende como algo intrínseco del ser humano, un origenal que puede volver a  acercarse con la ayuda de su voluntad. Este entendimiento representa un punto de partida hacia una espiritualidad libre y en constante evolución.


La filosofía hermética, impopular por confidente  

 
La espiritualidad no es como ese elemento físico que representaba el manuscrito, que podía ser prendido fuego, pisoteado y escupido, siendo su contenido desdeñado y olvidado para siempre. Entonces se entiende el porqué de la transmisión oral y se intenta comprender el alcance, incluso residual, de toda creencia en el desarrollo mental de cada ser humano. Las personas acostumbradas a confiar en verdadesinciertas saben que creer verdaderamente en algo es, –de alguna forma– dedicarle tiempo físico y mental y, por lo tanto, tomar partido, ya que creerimplica que la voluntad adapta esa idea, desde los procesos internos de su psique, a la realidad que está viviendo “aquí y ahora”, pensando en un continuo… Si lo pensamos bien, siempre estamos aquí y ahora, pero ¿cuántas veces somos conscientes? 
 
Figura de Thoth tallada en la parte posterior del trono de Ramsés II.
Foto original de Jon Bodsworth


Sin embargo, no se ha visto crisis de espiritualidad como la que acontece en los tiempos actuales, donde los individuos convertidos en masa son dominados por el frenetismo, las distracciones, la recepción permanente de impactos, la ignorancia, la manipulación, el amor por el físico y la fama, el olvido del Yo excepto en sus aspectos más egocéntricos, la pérdida de memoria, la anulación del sentimiento de colectividad, la polarización progresiva de las sociedades.


Siete principios herméticos, siete antiguas fórmulas para comprender el mundo

 
Los siete principios herméticos responden a un conjunto de creencias ocultas atribuidas a Hermes Trimegisto. El conocido como intermediario entre el mundo divino y el profano fue, al parecer, un personaje “tres veces grande” digno de misterios, cuyos orígenes se remontan al Antiguo Egipto. La cosmovisión de entonces no segmentaba la existencia entre la muerte (Ka) y la vida (Ba), sino que ambas formaban la continuidad espiritual del ser. 

Consecuencia del sincretismo, fue supuesto contemporáneo de Abraham, identificado con el dios heleno de los viajes y los viajeros, Hermes, -descrito por Aristófanes como “más veloz que la muerte”-, y el romano Mercurius ter Maximus, a quienes los griegos bautizaron como Hermes Trimegisto para hacer alusión al dios egipcio Dyehuty, también conocido como Thoth, dios mensajero, de la sabiduría y guía de las almas o psicopompo.

Con la conquista de Alejandro Magno, Egipto, Mesopotamia, Persia y Turquía pasaron a formar parte del imperio, desde la fuerte impronta de Alejandría y su imponente biblioteca, hasta la muerte del rey de Macedonia, cuando ya el paganismo greco-romano se había inclinado por conocer los misterios del Antiguo Egipto

Si bien es necesario conocer que la identidad de Hermes Trimegisto o Thoth se ha ido construyendo en base a leyendas y sincretismos, al “sabio egipcio” también se le atribuyen poderes mágicos y de curación, la invención del sistema de escritura -portadora de Heka-, la creación de la alquimia y la fundación de la hermética, la autoría de La tabla de esmeralday del Corpus hermeticum. La estrecha relación del dios Thot con la luna explicaba su control sobre el tiempo y caracterizaba muchas de sus distintas apariciones en la colorida y minuciosa mitología egipcia. En una de ellas, los deseos de Horus de vengar a su padre Osiris, a quien su hermano Seth había dado muerte, llevan a ambos a disputarse violentamente el trono. Seth le arranca a Horus su ojo izquierdo y lo hace trizas. Thoth interviene en la reconstrucción del ojo de Horus, al que llamará Udyat: un poderoso símbolo cuyas líneas contienen una compleja ecuación matemática. Protegía, purificaba y dotaba a Horus del talento de la sanación y la visión a través del velo y, con el triunfo del bien sobre el mal, ayudaba a restaurar la justicia cósmica o Ma´at. La figura de ese tercer ojo representa con exactitud el perfil de la glándula pineal.
«Pienso, por lo tanto, soy», R. Descartes

Los enigmas de la literatura hermética respondían al poder transformador de las palabras gracias a un discurso cuyo lenguaje ocultaba rigurosamente sus significados, sin llegar a negar su conocimiento y comprensión, entendiendo estos dos últimos factores como una proeza espiritual que evidenciaba el “regalo divino”.  A pesar de que sigue habiendo poco o nulo acuerdo sobre los siete principios herméticos o “leyes universales” que explicarían el fundamento de Heka, según la construcción del mito, los siete fueron recogidos en el Kybalión, un libro escrito por tres autores «iniciados», o quizás tres grandes escuelas: la egipcia, la hebrea y la judía. 

Sobre ese pequeño pero indispensable órgano interno del cerebro se ha teorizado y estudiado en numerosas ocasiones. Entre sus eruditos se encuentra el buscador de certezas, filósofo racionalista y matemático René Descartes: creía que la epífisis cerebral era el asiento del alma racional, el punto de equilibrio respecto a la interacción mente-cuerpo, sustancia-espacio. Por su parte, egipcios y herméticos entendían la muerte como la renovación de la continuidad, donde la glándula pineal -simbolizada en el ojo de Horus- era el ancla entre el alma y el cuerpo físico. Ahora bien, esta glándula fotosensible tiene no pocas funciones, según ha comprobado la medicina: incide en muchos de los procesos hormonales del cuerpo. Es encargada de la melatonina y regula, desde los sistemas nervioso y endocrino, los sueños, los biorritmos, el reloj biológico, el desarrollo, la maduración, las emociones, la cognición.
 
Thoth adorando el Oudjat o Udyat frente al Disco Lunar
en el techo del Templo de Denérah (Alto Egipto).
Foto original de Soutekh67

El axioma “los labios de la sabiduría permanecen cerrados excepto para el oído capaz de comprender” es un conocimiento y una consideración casi inmanente al sentido más sustancial de la espiritualidad, que explica su secretismo a través del recuerdo del silencio con la advertencia de no revelar saberes que no se pueden digerir, entender o integrar. Las bondades o maldades resultantes de su puesta (o no) en práctica dependerían, entonces, del propósito que tal sujeto sensible persigue.