El despertar de virus mortales tras el deshielo ártico

El despertar de virus mortales tras el deshielo ártico

09 de Marzo del 2018 - Alberto Louro Rosciano
El deshielo del permafrost está permitiendo emerger enfermedades extintas.
Si mencionamos virus como el ébola, la gripe aviar o las bacterias que originan el cólera o la peste negra, por norma general nos plantearíamos acudir a hemerotecas o bien a libros de historia. De una forma u otra, lo que todos sabemos sobre ellas es que han dejado su huella grabada en diversas épocas de la humanidad llevándose la vida de millones de personas.

Pero, ¿Sería posible que aparecieran de nuevo en nuestros días? Lo lógico sería plantear que estas enfermedades pasasen a la posteridad en textos médicos o quizás en escrituras sobre la historia universal. Sin embargo, hechos muy recientes nos pueden estar dando una idea diferente sobre la concepción que teníamos, quizás estén más cerca de lo que pensábamos.

Para respondernos a la pregunta sobre si es posible la reaparición de virus y bacterias que ya creíamos extintos, haremos referencia a un caso producido en 2016, en el que tras las altas temperaturas de Siberia, al Norte de Rusia, el cuerpo sin vida de un reno infectado con ántrax que databa de los años 60 comenzó a descongelarse. El resultado: cientos de personas hospitalizadas, un niño muerto y miles de renos infectados. Así lo narraban medios como la BBC.
 

Para plantearnos la pregunta de cómo ha sucedido esto, recurriríamos directamente a la microbiología. La bacteria que ocasiona el ántrax, posee una función mediante la cual se transforma en una especie de espora cuando las temperaturas son muy bajas, como es el caso de Siberia. Progresivamente, cuando las temperaturas comienzan a subir, esta espora vuelve a su forma original consiguiendo así mantenerse inalterada por el tiempo o el clima y volviendo a ser plenamente infecciosa.

Este hecho ocurrido en Siberia, no se trata de algo puntual. A casi 5.000 km de distancia, en Alaska apareció una fosa común con cuerpos infectados con el virus de la Gripe Española de 1818. Partiendo de los datos de mortalidad de esta pandemia, que se llevó la vida de entre 20 y 40 millones de personas en solo un año, no estamos hablando de algo que debamos pasar por alto.

Cuando hablamos de casos como el de Siberia o el de Alaska, nos vamos a centrar en el concepto de permafrost, que se trata de la capa del suelo que, teóricamente, permanece en todo momento congelada. Decimos teóricamente porque como estamos viendo esto está comenzando a cambiar. Bajo esa capa existen millones de toneladas de materia orgánica entre la cual pueden estar acechando virus y bacterias.

Es entonces cuando se nos plantea la idea tan repetida y debatida en nuestros días, el calentamiento global. Sin embargo, más allá de los debates de si esto es algo provocado o no por el ser humano, lo que es indudable es que los cambios que están ocurriendo son reales, entre ellos el deshielo.

Otras fuentes, de forma alternativa o complementaria, dan como principal responsable de estos casos a la sobreexplotación petrolera y minera, la cual se lleva a cabo en estas zonas árticas. Esto es motivado por la abundancia de estos materiales en dicha áreas y su posterior valor de mercado.
 

 En el caso del petróleo por ejemplo, las mejoras tecnológicas así como el derretimiento progresivo de los glaciares, son elementos que están fomentando y facilitando la extracción de crudo, motivado esto por las continuas subidas de precio.
 
Independientemente de la teoría que cada uno apoye, los datos y las estadísticas son claras con lo que está ocurriendo. Las zonas árticas presentan un calentamiento hasta tres veces mayor que en el resto del mundo, lo que puede suponer unos cambios abruptos e irreversibles en determinadas áreas.
 

Partiendo de todos los temas reflexionados en este artículo, nos cabe recapacitar sobre si existe alguna solución ante este problema o alguna forma de prevenirlo. Con esto, no buscamos un debate abierto sobre el origen del cambio climático ni mucho menos alarmar sobre una pandemia cercana, simplemente planteamos posibilidades ante unos cambios más que evidentes.

De la misma forma, no podemos plantear una solución única y definitiva ya que las variables de esta ecuación son inmensas. Los países que conforman el ártico son numerosos y tendrían que acordar unas dinámicas medioambientales comunes. Para asociaciones comprometidas con estos temas como Greenpeace, la solución sería reducir la combustión de gasolina disminuyendo así el volumen de gases nocivos. Ideas que quizás así planteadas pueden parecernos utópicas.

Lo que no podemos poner en duda es que si metemos en una coctelera un paciente cero (primer paciente al que se le detecta una enfermedad), un avión y un aeropuerto, las consecuencias pueden ser dramáticas e irreparables, así que simplemente nos quedará esperar a no seguir aprendiendo de nuestros errores.

Sin embargo, esto no es un texto que pretenda buscar una solución ni convencer a nadie de nada, simplemente buscamos una reflexión por parte del lector, buscamos que cada uno genere sus propias conclusiones. Cada uno ha de ser su propio investigador, el que cree sus propias teorías. Pero lo que no podemos negar es que aunque tú no lo creas, esto está pasando.